No importa quién es, importa QUIEN LO ELIGIÓ.

¿Te has puesto a pensar en los nervios de estar en el cónclave?

Alguna vez, ¿te ha tocado estar en un grupo de estudio o trabajo y dicen: “¿Alguien podría ayudar en X cosa o apoyar en esta otra?” y nadie levanta la mano?

Hay un llamado, una necesidad, pero no hay respuesta…

Bueno, claro que Dios guía a la Iglesia, pero humanamente no deja de ser una tarea retadora. Sin embargo, los cardenales están ahí. Fueron llamados y levantaron la mano para participar.

Cualquiera puede ser, pero en realidad son todos. A todos se les hizo un llamado y cada uno decidió responder: el llamado de participar, el llamado de ser voceros de Dios para elegir al sucesor de Pedro. Y sí, uno de ellos fue llamado a guiar al pueblo, pero la acción es la misma. ¿Lo ves?

Una necesidad, un llamado de Dios y una respuesta del ser humano (nosotros).

Porque el Espíritu elige, pero el corazón humano responde.

Y no solo les pasa a los cardenales.

Ahora te pregunto:

¿A qué te está llamando Dios?

No son solo los cardenales, sacerdotes o religiosos quienes están a disposición de ser electos. Somos todos y cada uno de nosotros quienes también estamos en posición de ser llamados,

no a ser Papa, por supuesto, pero sí para el propósito que Dios tiene en nuestra vida.

¿Pero a mí? ¿Será que Dios me llama… a mí?

¿Yo que soy tan débil.?, ¿Yo que me siento tan indigno.?, ¿Yo que acabo de caer en pecado de nuevo?                         

¡Pues SÍ!

Porque no se trata de quién eres, sino de quién te eligió.

¿Dios me elige a mí?

Si no me crees, haz esta prueba:

Cierra los ojos y lleva tus manos a tu corazón. ¿Escuchas?
Cada latido es un ring! ring! que suena con el llamado de Dios para ti.
Cada respiración que el Señor nos permite es la prueba de que nos sigue llamando,

sigue queriendo hacer cosas grandes en nuestras vidas.

Y no importa lo pequeños, indignos o pecadores que seamos. 

No importa de dónde vienes, sino a dónde te quiere llevar Él.
No importa cuán débil te sientas, porque Él te fortalece.
No importa lo que has pasado, porque Él hace nuevas tooodas las cosas.

Una vez más:

No se trata de quién eres, sino de quién te eligió.

Pero como en cada esquema de comunicación, hay un mensaje, un emisor y un receptor.

Dios tiene el mensaje y hace una llamada.

La pregunta es:
¿Le vas a responder?

Dios llamó al cardenal Robert Prevost.
Le tenía un mensaje: ser el nuevo Papa.
¿Qué hizo el cardenal? Respondió y dijo: ¡SÍ!

Dios tiene un mensaje para ti, y está llamando.

El cónclave no es el único momento en donde se elige.
Cada día Dios nos elige para servirle, amarle y entregarnos a su voluntad.
Cada día Él nos elige. ¿Y nosotros?

Hoy oramos, primero, dando gracias al Señor porque nos ha dado un nuevo sucesor de Pedro.
Y segundo, oramos para que la gracia del Espíritu Santo guíe, respalde y acompañe día con día el camino y la gran misión que se le ha encomendado al Papa León XIV.

Porque es eso:
La gracia de Dios es lo que permite que el ser humano pueda alcanzar y cumplir la misión que Él nos encarga.

Claro que no somos dignos y no podemos solos.
Como tampoco hubiera podido David enfrentarse a Goliat si lo hubiera hecho solo.
Moisés no habría podido guiar al pueblo y enfrentarse al faraón si lo hubiera hecho solo.
María no habría podido ser la custodia de Jesús y protegerlo desde tan pequeño e indefenso si lo hubiera hecho sola.

Fue la gracia de Dios en cada situación, con cada elegido.
Y tu vida ¡no es la excepción!

Y es que ahí está el secreto:

El capaz no debes ser tú. Es Él.
Y en esa debilidad e incapacidad es que Él se engrandece, porque nos muestra todo lo maravilloso que puede hacer en nuestras vidas.

No se trata de ser grande yo, saberlo hacer yo, ponerme la capa de héroe yo.
Porque el que llama es Él, quien capacita es Él, quien transforma corazones es Él y quien sabe el rumbo correcto también es Él.

Dejemos de ser espectadores.
Seamos miembros vivos del Cuerpo de Cristo y vivamos.

¡VIVE tu vida de la mano de Dios!
No la desperdicies y ¡VIVE!

Aprovecha estos momentos para orar y discernir.
Escucha también tu propio llamado y déjate sorprender por los grandes caminos y hazañas a las que Dios te quiere llevar.

 

"Cuando dudes que tu vida tiene un sentido, recuerda sentir tu corazón. ¡Cada latido es un ring! ring! del llamado que Dios te está haciendo.”.

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Eliseo - 6ta Generación

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